viernes, 18 de mayo de 2007
AUTOESTIMA
Claves para fomentar la autoestima en nuestros hijos.
Autor.- José María Jiménez Ruiz
Todos guardamos en los archivos de nuestra alma la experiencia gratificante de miradas, gestos, palabras o actitudes que explícitamente reconocían nuestra dignidad, estimulando así nuestro propio aprecio. Casi todos nosotros hemos experimentado también, en algunas ocasiones, los efectos altamente perniciosos que produjeron en nosotros comportamientos, discursos, acciones u omisiones que vulneran esa misma dignidad poniendo en tela de juicio nuestro valor como personas. …
Importancia de la autoestima en el desarrollo personal
Muchos de los clientes, en efecto, que llegan a los despachos de los psicólogos descubren en su propia autoestima la raíz fundamental de sus quebrantos: “Si yo de niño hubiera experimentado que era importante, si hubiera sabido que creían en mi, si mis padres hubieran respetado mis sentimientos en lugar de culpabilizarlos, si alguien a mi lado me hubiera repetido muchas veces: ¡ama la vida, crece, no tengas miedo! … si algo de eso hubiera sucedido, no estaría ahora hablando con Vd., habría aprendido a respetarme, tendría un poco de fe en mi mismo y no desconfiaría de quienes se aproximan a mí porque me sentiría digno de ser amado”.
V.Satir, terapeuta de dilatadísima y fecunda experiencia profesional expresa su profundo convencimiento de que el factor clave de todo lo que acontece tanto dentro de las personas como entre ellas es el nivel de autoestima que cada cual tiene de sí mismo.
Los valores positivos se manifiestan con facilidad en las personas que se quieren bien. Son todas aquellas que se sienten importantes, confían en sus posibilidades, ven en los demás compañeros y no competidores, respiran seguridad, aceptan todo lo bueno que hay en ellos y también los aspectos más oscuros y negativos y, al hacerlo así, aumentan su capacidad para apreciar los valores de su prójimo y para tolerar sus deficiencias. Quienes, por el contrario, poseen un autoconcepto negativo se instalan en el temor y el aislamiento, cultivan la soledad y la desconfianza, se sienten permanentemente amenazados y con escasa fuerza para hacer frente a las dificultades que, inevitablemente depara toda existencia. No es fácil, por tanto, quitarle la razón a Goethe cuando decía que lo peor que le puede pasar a un hombre es llegar a pensar mal de si mismo.
Es muy importante pues, cultivar la propia autoestima y alentar, desde ella, el autoconcepto positivo de los demás. Ello nos exige aprender un estilo de relación desde el que sepamos trasmitir a quienes nos rodean aceptación y respeto. Son muchas las personas que subestiman sus capacidades. Se miran en los espejos del alma y se descubren un perfil interior lleno de aristas, de desproporciones, de carencias. Y no se gustan. De ahí, que uno de los mejores regalos que podemos que podemos ofrecerles es nuestra negativa a aceptar el pobre concepto que han adquirido de sí mismos, ayudándoles a descubrir sus potencialidades y sacando a la luz tantos sentimientos generosos, tantas cualidades no explotadas, tantos rasgos de personalidad, indudablemente positivos, que yacen, medrosamente ocultos en lo mas hondo de sus conciencias.
La autoestima se aprende en el seno de la propia familia
La misma V.Satir ha afirmado que no existen genes que trasmitan el sentido del valor propio. La autoestima es algo que aprendemos en el contexto familiar. Desde que nacemos vamos construyendo nuestra autoimagen integrando los mensajes, que respecto a nuestro valor como personas, nos llegan de los más próximos. Las palabras, los gestos, el propio comportamiento de los padres le está haciendo llegar permanentemente a un niño información acerca de su estimación en tanto que ser humano. Por eso en las familias funcionales y auténticamente nutridoras donde se respetan las diferencias individuales, se toleran los errores y se facilita la comunicación de los sentimientos más hondos, los niños aprenden a confiar en si mismos y se asoman a la vida con esperanza, ajenos a todo temor y libres de toda culpabilidad.
Nada mejor podemos hacer, pues, por nuestros hijos para que alcancen el éxito en su vida personal que positivizar la imagen que se van formando de si mismos. “Cuando un niño aprende a quererse, a confiar, a tener un alto concepto de sí mismo y a respetarse –dice el Dr.W.W.Dyer- en “La Felicidad de nuestros hijos” no hay literalmente obstáculo para su total realización como ser humano”. Si aprendemos a tratarles y aún a mirarles como personas valiosas e importantes, si vencemos el estúpido pudor de nos impide verbalizarles lo feliz que nos hace tenerlos como hijos, si sabemos inculcarles la idea de que su llegada a este mundo ha sido una de las experiencias mas hermosas de nuestra vida, el niño acaba por interiorizar esos mensajes y se va adentrando en la existencia lleno de confianza, pletórico de fe en si mismo, absolutamente convencido de su valía y de su dignidad. Si por el contrario, le llenamos de descalificaciones, si somos con ellos mezquinos en la caricia, si les hurtamos estímulos y apoyos, si sembramos en sus almas la semilla del recelo y la desconfianza, tendremos sobradas razones para pensar que estamos creando individuos recelosos y tristes con todas las garantías de que acaben engrosando las listas donde se inscriben quienes se sienten frustrados o se saben fracasados.
Lo que siempre debemos evitar
Si queremos educar a nuestros hijos en la autoestima sugiero, en primer lugar, que comencemos por desterrar ciertas conductas manifiestamente perniciosas.
· Decirles que son “malos”
Un niño nunca lo es. No es posible ser malo a los dos, ni a los cinco, ni a los siete años…. Visitando una familia amiga, me quedé fuertemente impresionado al observar como todos los adultos, padres, abuelos, tía-abuela, coincidían en calificar a un niño de apenas tres años como “malo”. La criatura había llegado a identificarse de tal forma con tan torpe definición que si le preguntabas ¿qué es el niño? Respondía de inmediato en su media lengua de trapo “¡malo!”. Traté de comentar con los padres del niño la inconveniencia de trasmitir al niño semejante mensaje. Desgraciadamente tengo sobradas razones para sospechar que mi sugerencia nunca fue atendida. Debiera, en cualquier caso, quedar bien claro que el sentimiento de autovaloración de un niño quedará gravemente lesionado con este tipo de descalificaciones que le inducen a percibirse como un ser marginal, permanentemente enfrentado a los valores de los demás y constantemente acreedor del reproche de quienes, en principio, debiera recibir mimo, ternura, aceptación incondicional.
· Sorprender permanentemente a los niños haciendo algo mal.
Cuando me encuentro en mis sesiones de terapia con familias o con parejas muy habituadas a “ perseguirse” mutuamente, les suelo pedir, como ejercicio práctico, que, durante un cierto periodo de tiempo, dejen de fijarse en los lados oscuros de sus “vecinos” y traten de descubrir en ellos aspectos positivos o actitudes constructivas. Me confiesan que es esta una actividad en la que no les es fácil alcanzar el éxito. Yo creo que se trata, simplemente, de falta de costumbre. Hay, en efecto, una tendencia muy generalizada a “cazar” al otro haciendo siempre algo mal. Esta conducta está especialmente extendida con respecto a los niños y es particularmente perniciosa. Cuando un niño se siente constantemente “cogido en fuera de juego” acaba por asumir que ésa es su condición natural y percibiéndose a sí mismo como perdedor, como sospechoso, como poco fiable, como merecedor de reproches…
Regatearles responsabilidades y capacidad de asumir tareas
No dar responsabilidades a los propios hijos y hacer por ellos lo que muy bien son capaces de ejecutar ellos mismos es otra forma sutil de reducir su autoestima y socavar la confianza en sí mismos. Poner en duda su habilidad para realizar correctamente sus tareas o hacerlas nosotros en su lugar contribuye a crear individuos perezosos e inhibidos cuya autopercepción está llena de sombras y teñida de inseguridad y desconfianza. Hace algunos días, atendía a una madre que me confesaba su grave preocupación porque su hijo de doce años se mostraba cada vez mas retraído, tenía dificultades para relacionarse con sus compañeros de colegio y mostraba graves síntomas de incompetencia hasta para las tareas más elementales. No tardé en descubrir algunos datos que explicaban perfectamente esa situación: a los doce años la mamá seguía calzando al niño, -vestirse se viste solo él- me decía; la chica interna que tenía en la casa, una señora mayor que había estado con la familia toda la vida, le daba literalmente el desayuno (“de lo contrario no llega puntual al colegio”, justificaba la madre); cuando este jovencito se disponía a salir a la calle escuchaba siempre el mismo sermón de que tuviera cuidado con el semáforo de la esquina… En el fondo, salvando la buena voluntad que no puedo regatear a aquella madre, este niño estaba recibiendo constantes mensajes de que no valía, de que era débil, de que seguía siendo pequeño, de que era, en definitiva, un perfecto incompetente.. Y así estaban las consecuencias.
· Compararlos con otros
Compara a un niño con sus hermanos, primos, vecinos o conocidos es, desgraciadamente una práctica bastante extendida. Se suele recurrir para justificar esta práctica, al supuesto erróneo de que eso les sirve de acicate y les estimula. Nada más falso. Comparar a un muchacho con sus próximos más exitosos es una forma inequívoca de no valorarle a él como ser único e irrepetible que tiene el derecho y hasta el deber de ser distinto y, siéndolo, buscar a su vez la excelencia. Todos cuanto trabajamos en terapia hemos escuchado muchas veces el lamento de quienes nos confiesan el daño irreparable que sufrieron en su propia autoestima al sentirse descalificados por comparaciones en las que, por supuesto, no salían precisamente demasiado bien parados.
· Negarse a tocarlos, a acariciarlos, a besarlos.
Aunque pueda parecer sorprendente hay muchos padres que encuentran grandes dificultades para mantener relaciones de proximidad con sus propios hijos. Suelen argumentar que no desean hacer de ellos unos “blandengues” y que de sobra saben sus hijos que les quieren. Seguramente no están en lo cierto. Los niños que no se sienten “tocados”, “achuchados” pueden dudar de su propio valor y creerse indignos de ser amados. Decía G. Eliot, “no solo me gusta que me quieran, sino también que me digan que me quieren. Creo que para silencios ya basta con los de la tumba”. Todo eso es bien cierto. No es suficiente con querer a los hijos, también es preciso hacérselo notar, reiterárselo, repetirles una y otra vez el claro mensaje de “te quiero”. Si escatimamos esas palabras mágicas y hurtamos mimos y caricias estamos propiciando que nuestros hijos puedan poner en tela de juicio su propio valor como personas dignas de ser amadas.
Lo que siempre deberíamos practicar
Si bien hasta aquí he venido subrayando algunos comportamientos que debieran ser definitivamente desterrados, no quiero dejar de señalar, ahora, algunas conductas o actitudes que, por el contrario, pueden ayudar a adquirir una buena autoestima.
· Reconocer la individualidad de cada uno de nuestros hijos.
Se trata, ni más ni menos, de aceptar a cada uno como creación única que guarda dentro de su alma todo el potencial que le puede permitir realizarse como ser autónomo y libre. Que se sienta tratado habitualmente así, aprende a percibirse también de ese mismo modo. Si permitimos a nuestros hijos ser diferentes, danzar su propia música y componer el guión de su propia vida, estamos creando las mejores condiciones para que edifiquen su personalidad sobre las bases de la confianza en si mismos y sobre los cimientos de un bien entendido “amor propio” que pueda garantizar la apertura confiada hacia los otros y el respeto por lo que ellos representan.
· Quererlos por lo que son, nunca por lo que hacen
La dignidad de un ser humano no puede depender nunca de lo que hace o de lo que tiene. Las personas somos apreciables por el mero hecho de existir. Ni más ni menos. La valoración no puede venir condicionada por el éxito o el fracaso de las actividades que podamos emprender. De ahí que, en nuestras relaciones con los hijos, hemos de aprender a expresarles con palabras y con gestos que, para nosotros, son siempre dignos de amor y de respeto con independencia de lo que hacen o dejan de hacer. Mensajes de este tipo trasmiten seguridad y afianzan la autoestima de quienes se saben incondicionalmente queridos con independencia de los éxitos que puedan cosechar o de los errores en que pudieran incurrir.
· Contagiarles amor a la vida
Se me lamentaba hace algunos días un padre, de lo inseguro, de lo agresivo y de lo encerrado en sí mismo que se estaba volviendo su hijo de trece años. Eso sí, el hombre que había tenido una infancia difícil se había ocupado hasta ahora de “venderle" a su hijo que “no se fiara de nadie”, “que aquí quien no pisa es pisado”, “que había que hacerse el duro porque la vida misma es muy dura”…. ¡Cómo se había estado equivocando!.
Los niños que viven en ambientes amables aprenden a ser positivos con respecto a sí mismos y con respecto a los demás. Los padres tenemos siempre la oportunidad de mostrar a nuestros hijos con la fuerza del ejemplo la alegría de estar vivos, podemos agradecer ante ellos el don de la vida que se nos regala cada mañana, podemos hacerles ver que allí donde nos encontremos puede acabar convirtiéndose en un buen lugar para vivir, que nuestra época no tiene que ser más difícil que otras épocas, que tenemos sobrados recursos para triunfar y ser felices.
· Mostrarles confianza
Confiar en su habilidad para escoger sus propios amigos, para elegir su propia ropa, para cultivar sus propias aficiones. La confianza genera siempre confianza. Si nosotros confiamos en nuestros hijos, ellos aprenderán a confiar en sí mismos.
· Regalarles nuestro tiempo
¡Qué bien nos encontramos cuando alguien que consideramos importante nos dedica su tiempo!. ¡Cómo aumenta entonces nuestra autoestima!. No me cansaré de insistir en la importancia que seamos pródigos en el tiempo que dedicamos a nuestros hijos, a sus lecturas, no considerar nunca que “perdemos el tiempo” recordándoles historias de cuando eran pequeños o comentándoles la alegría con que vivimos su llegada a este mundo, la fascinación con que les vimos dar sus primeros pasos o pronunciar sus primeras palabras…. , son otras tantas formas de favorecer que se perciban a sí mismos como personas estupendas, incondicionalmente dignos de estima y merecedores de nuestro más alto aprecio.
· Y predicarles con el ejemplo.
Finalmente, quiero concluir subrayando que el mejor modo de inspirar una buena autoestima en nuestros hijos es –como ha puesto de relieve N.Branden en “Cómo mejorar su autoestima”- que aprendamos a cultivarla en nosotros mismos. Si somos serenos inspiraremos serenidad, si somos felices irradiaremos felicidad, si nos mostramos veraces despertaremos amor a la verdad, si vivimos potenciando lo mejor que hay en nosotros, tendremos mas posibilidades de extraer lo mejor de los otros.
Segunda República española
¿Hay algo de lo qué enorgullecerse?
(Periodista Digital).- "La España de hoy mira con orgullo y satisfacción a la II República", decía hace unos días Zapatero. Los datos históricos ponen en evidencia la frase con la que el Presidente del Gobierno pretende conmemorar el 75 aniversario de aquel Régimen. Una aventura fallida, antesala del enfrentamiento cainita.
Además de ser un desaire a la actual monarquía constitucional y a la figura del rey Don Juan Carlos, la frase de Zapatero se ha revelado como una ensoñación. ¿Realmente existen razones objetivas para mostrar orgullo y satisfacción por la II República?
Historiadores y ensayistas reconocen algunos aspectos positivos en el proyecto republicano. Era un plan ambicioso para regenerar España, mediante un régimen liberal y democrático que afrontara los problemas reales del país, según escribe Vicente García para la revista Época.
Manuel Azaña, en concreto, pretendía que la República fuera el vehículo para efectuar esas transformaciones.
Pero la esperanza se frustró muy pronto, como apuntaron Marañón, Ortega y Gasset y Pérez de Ayala. En buena medida, se debió a los graves errores de quienes impulsaron la aventura. Soliviantaron a las masas, atizaron la mecha del anticlericalismo, acometieron reformas con un tono antidemocrático y atropellaron los derechos y libertades.
Recopilamos algunos de los principales puntos negros de la II República.
1. Leyes antidemocráticas.
El presidente tira de la Constitución del 31 como referente jurídico de convivencia, pero la realidad fue bien distinta. La Ley de la Defensa de la República, que pretendía consolidar el nuevo sistema liberal a costa de los derechos individuales, resultó una ley mordaza: suspensión de periódicos, multas, confinamientos y sanciones de hasta 10.000 pesetas para todo aquel que mancillara o criticara al nuevo régimen o hiciera apología de la monarquía.
Por no hablar de la restitución de la pena de muerte en el año 1934 ante la ola de crímenes e inseguridad ciudadana que atenazaba España. Ni siquiera para este extremo hubo que tocar la Constitución. Bastó con reformar el Código Civil.
2. Ataques a la Iglesia.
Apenas un mes después de la proclamación de la República, una turbamulta prendió fuego a 11 edificios de Madrid, entre ellos varios conventos, ante la pasividad de las fuerzas de orden público.
"He oído decir a mucha gente que se había acabado la luna de miel de la República. Esta historia de los conventos ha hecho reflexionar a mucha gente. ¿Dónde va la República?", se preguntaba Josep Pla.
En este clima fue disuelta la Compañía de Jesús y sus miembros expulsados de España apelando al artículo 26 de la Constitución que prohibía la enseñanza religiosa.
3. Gobiernos totalitarios.
El socialista Largo Caballero, que fue presidente hasta de UGT y que anteriormente se postuló indisimuladamente en el golpe de Primo de Rivera, estuvo detrás de la Revolución de Asturias, con el propósito de reeditar una aventura similar a la soviética de 1917.
Indalecio Prieto, también socialista, planeó el asesinato de Franco y de su alto mando aprovechando el funeral del general Mola, en 1937. Prieto, ministro de Defensa, contactó con Alexander Orlov, agente de Stalin en España, para que la aviación soviética bombardeara el cortejo fúnebre. El proyecto fue abortado, porque Azaña se enteró y lo evitó.
4. Gobernantes corruptos.
Zapatero parece obviar, entre otros, el escándalo del estraperlo que salpicó a Lerroux (su Gobierno fue derribado por este affaire de ruletas y casinos) y a varios altos cargos de su confianza. Y en 1935 el Gobierno de Chapapietra degeneró en una crisis tremenda por culpa de unas comisiones bajo cuerda.
Por no hablar de Juan Negrín, jefe de Gobierno, que se lucró con dinero público y evadió divisas durante la Guerra Civil, siendo titular de una cuenta con un saldo de 370 millones de francos. Y fue cómplice de la desaparición, tortura y muerte del líder del POUM, Andreu Nin, a manos de agentes soviéticos.
5. La matanza de Casas Viejas.
Miles de campesinos andaluces salieron a calle, no por entusiasmo hacia el nuevo régimen, sino porque no tenían nada que echar a la cazuela. Los jornaleros pagaron caro su atrevimiento. El episodio más escandaloso fue el acontecido en Casas Viejas, un pueblo de Cádiz: 23 campesinos muertos, algunos de ellos maniatados y fusilados, por movilizarse en pos de una mejora del sector agrario. La noticia menoscabó la imagen de Manuel Azaña y Casares Quiroga, que aplicaron métodos expeditivos para hostigar a los levantiscos.
6. Grave inestabilidad política.
El país vivió brotes de anarquía en Sevilla y Valencia, así como sabotajes a infraestructuras y tiroteos en las calles. Se sucedieron hasta cuatro Gobiernos y presidentes diferentes en sólo unos meses: Azaña, Alcalá Zamora, Lerroux y finalmente Martínez Barrio.
7. Revolución de Asturias.
La llegada de tres nuevos miembros de la coalición derechista CEDA al Ejecutivo, en 1934, desembocó en una huelga en Asturias convocada por la izquierda sindicalista.
Como ha afirmado el filósofo Gustavo Bueno, 70 años después, "la guerra preventiva comenzó con la revolución del 34", liderada por el PSOE. Largo Caballero, significativamente apodado el Lenin español, quería acabar con la República burguesa e imponer un régimen revolucionario, de cuño marxista. La Revolución de Asturias se saldó con 1.300 muertos y 3.000 heridos. Y también con una dura represión, cuyas consecuencias se prolongarían hasta la Guerra Civil.
La revolución sirvió, además, para dejar en evidencia la complicidad de parte del PSOE y de ERC en la ruptura de España. Ya que, aprovechando el estallido, Lluis Companys, presidente de la Generalitat, proclamó "el Estado catalán dentro de la República federal española".
8. Antesala de la Guerra Civil.
Con una escena política decrépita, el izquierdista Frente Popular ganó las elecciones del 36. La crispación se extendió a todos los sectores: huelga general en Madrid el 17 de abril, otra minera en Asturias, conflictos en la construcción y en el sector eléctrico... La ola de violencia se propagó como un virus imparable.
El presidente, Casares Quiroga, no supo atajar la peligrosa deriva. Conocemos el desenlace. Y sus palabras "de cualquier cosa que pudiera ocurrir haré responsable ante el país a Su Señoría" dirigidas a José Calvo Sotelo el 16 de junio de 1936 se pueden interpretar como una amenaza. Sólo un mes más tarde pistoleros derechistas mataban a un guardia de asalto; y al día siguiente, guardias de asalto detuvieron ilegalmente y asesinaron de un tiro a Calvo Sotelo.
Era el prólogo de la guerra. El 18 de julio se producía el Alzamiento.
martes, 15 de mayo de 2007
caminos de asturias
Como es bien sabido, ya la humanidad protohistórica de las Asturias se comunicaba a través de los puertos secos, entre cresterías. Uno de los cuales era el que después se llamó de Valgrande o Pajares. Varios de esos «pasos de cabras» de los indígenas, fueron, sin duda, utilizados, ampliados y mejorados, principalmente con fines logísticos, por los romanos, que los convirtieron en calzadas militares secundarias a partir del siglo I, con lo cual ya tenemos, para el camino de Pajares, una venerable antigüedad de dos mil años. Consolidada la «paz octaviana», la senda que iba de Gijón a León quedó firmemente trazada y poblada. A sus orillas se levantaron las «mansiones», que eran lo que nuestras ventas o paradores o lo que los “reíais” franceses. En sus inmediaciones se empezaron a beneficiar «villas», feudos agrícolas, uno de los cuales debía de quedar muy cerca del actual Oviedo, aproximadamente en el lugar que hoy ocupan los monumentos del Naranco.
Desde León, castro y sede del legado imperial, el camino seguía, con bastante aproximación. La actual carretera penetraba por Valgrande en la actual Asturias y, faldeando montañas, llegaba a la «mansión» de Memoriana, por donde ahora se sitúa Pola de Lena, y de allí seguía a la «mansión» de Lucus Asturum, cerca del actual Lugo de Llanera. Es de suponer que esa ruta venía por el Padrún y bordeaba muy de cerca el Naranco, pues hay que tener en cuenta que se trataba de una vía estratégica para servir principalmente a los puestos militares que existían permanentemente o se montaban en las cumbres en caso o ante síntomas de rebeliones.
La Monarquía asturiana, ya consolidada y con sede en Oviedo desde Alfonso II, utilizó y cuidó indudablemente ese camino, sobre todo durante los reinados de Ordoño I y Alfonso III, ya proyectados francamente a la expansión colonizadora sobre la meseta. Por ese impulso astur, la ciudad de León dejaba de ser ruinas y renacía para cabeza de un reino. El camino de Pajares y de otros puertos, especialmente el de la Mesa, vivió entonces, siglos IX y X, un intenso tránsito merced a las empresas militares y a la colonización de las «presuras». Con el traslado de la corte a León, estas vías perdieron importancia estratégica, militar y política, pero en cambio la venían ganando, día a día, como caminos de peregrinaciones. Asturias, desde la rústica corte praviana de Santianes, había «descubierto» la estancia del apóstol Santiago en España; poco después le inventaba un sepulcro en los linderos de la «finis terrae» y, con tal motivo, fundaba la sede compostelana e inauguraba, con el viaje regio de Alfonso II, la romería de más importancia y trascendencia histórica de la cristiandad. Dos puntos brillaron, desde entonces, con luz de vida en la maravillosa geografía espiritual de la Edad Media: San Salvador de Oviedo y Santiago de Galicia. Y entre los dos grandes caminos que llevaban al apóstol, el antiguo costanero y el posterior o «francés», este otro camino de León a Oviedo por Pajares era la más importante travesía para los buenos romeros que no querían prescindir de la saludable adoración al San Salvador de Oviedo. La fundación de Santa María de Arbas, el San Bernardo español, es una buena prueba de la importancia de este itinerario. Por él pasó un día El Cid, acompañado del Rey, hacia el Oviedo de su Jimena, para adorar reliquias y hacer de buen juez. También se sitúa en ese camino la sangrienta leyenda del supuesto viaje de Sancho de Navarra, de cuya fábula nació el asturianísimo refrán:
“Si la ficiste en Payares, pagástela en Campomanes”.
Ese camino lo recorrieron los reyes Alfonso VI, Alfonso VII, doña Urraca la asturiana, Pedro I y otros. Durante la baja Edad Media, el camino de Pajares vio aumentar su tránsito y su tráfico. Los mercaderes de León y Castilla lo recorrían para llegar al puerto de Avilés y a los mercados de Oviedo. El camino se convierte entonces en uno de los personajes más importantes de los famosos fueros avilesino y ovetense. En torno a él, menudean las disputas económicas por los portazgos y se riñen enconadas luchas feudales entre reyes, obispos y señores, feroces y rara vez magnánimos. Sobre su parte más fragosa se alza el formidable castillo de Tudela, que casi siempre daba seguridad y amparo al «iter faceré» de las recuas traficantes, pero desde cuyas torres solían también bajar algunas malas voces, omes tortizeros que mataban, robaban o cautivaban a peregrinos y mercaderes.
En los siglos XVI, XVII y XVIII, tiempos de paz y seguridad interiores y de auge para Asturias, el camino de Pajares fue mejorado. De él se ocuparon con alguna frecuencia la junta del Principado, los cabildos catedralicios (como en tiempos del obispo Muros en que se hicieron importantes mejoras) y municipal de Oviedo y, posteriormente los regentes de
Para la construcción y conservación de caminos existía en Asturias, desde tiempo inmemorial, la popular institución llamada sextaferia, o sea la prestación personal bien por propio trabajo, bien pagando a un jornalero. El nombre le venía de ser los viernes los días dedicados a esa labor de beneficio comunal. El camino Peñaflor -
La moderna carretera para el tránsito rodado normal, es obra de
La nueva carretera suponía inmensos beneficios para todos al abrir la región al tránsito de la carretería. Los transportes a lomo eran costosísimos y penosos. Por ejemplo, en Luarca o en Avilés el vino que venía por mar desde las bodegas de Levante o Andalucía, resultaba a mitad de precio que el que se traía en reatas desde León. Los cereales, transportados de Castilla, triplicaban en Oviedo el valor que tenían en Valladolid o Medina. Campomanes, Jovellanos, Ibáñez (Sargadelos), Abella Fuertes, Toreno (padre) y demás «ilustrados» demostraron hasta la saciedad los inmensos bienes que a todos aportaba la nueva carretera. Pero la realización de ésta, por un terreno tan accidentado, costaba un dineral. Hubo que hacer puentes en Olloniego y Santullano e infinidad de alcantarillones, replanteos y obras de retén. En su mayor parte se llevaron a cabo por administración y a jornal, en vez de por contrata y a destajo, pues si bien salían más costosas, resultaban, en cambio, mucho mejor terminadas.
Al finalizar el siglo XVIII, la nueva carretera León-Padrún-Oviedo estaba prácticamente acabada. En el trozo Oviedo a Gijón circulaban ya los carruajes desde mucho antes. Pero la inmediata guerra de
Hasta mediados del siglo XIX, y aún después en bastantes zonas, las vías de comunicación de Asturias consistían en caminos de herradura, generalmente en mal estado. Las quejas y protestas que sobre eso pueden leerse en la prensa o en las actas de los municipios de la época, son muchas y muy fundadas. Por esos años, se desarrollaron intensas campañas en pro de los caminos, y fueron famosas las que hizo don Juan Llano Ponte, hidalgo avilesino muy popular en toda la provincia, que recorrió a caballo casi toda Asturias, y escribió innumerables artículos en los periódicos pidiendo la ampliación y mejora de la red viaria asturiana, por lo cual se le llamaba Juan Carreteras, apodo que él acabó adoptando como seudónimo de sus escritos. Después de la primera guerra carlista y sobre todo durante los largos gobiernos de los moderados, se trazaron desde el estado central amplios planes para dotar al país de modernas carreteras. Tuvo Asturias la suerte de que durante esos gobiernos figurasen en ellos y en las altas esferas de las finanzas, asturianos muy interesados por el Principado, como Pedro José Pidal, Alejandro Mon, Garcia Barcenallana y, sobre todo, Uría, que ejerció la dirección general de caminos alrededor de 1858. En esa época (1843-1868) se proyectan, realizan o inician las grandes arterias de carreteras aunque algunas de ellas no se terminan hasta el periodo de
Ya en 1928 se estudió la posibilidad de hacer una autopista de Oviedo a Gijón, que, desgraciadamente, no pasó de proyecto. En el decenio 1960-1970 se inician y ponen en servicio grandes trayectos de la nueva carretera de Oviedo a Santander. Los trazados de Oviedo a Gijón y de Oviedo a Galicia son notablemente mejorados. Se moderniza por completo la ingrata subida al puerto de Pajares. En 1968 se inaugura el tramo de Oviedo a Figaredo, que soslaya los difíciles puertos de
Pa que andes bien el camín,
lleva vino, pan y tocín;
del caminar non me quexu,
si tengo pan, vino o quesu.
Mocines de Llantrales,
¿quién vos mantiene ?
Los arrieros del puertu
que van y vienen.
En la venta del Camino
el carretero la goza
porque pellizca el peyeyu (odre)
del buen vino y de la moza.
Ya se marchen los mozos
por el Camino;
van a servir al Rey y
allá va el mió.
En Asturias, al iniciarse las modernas carreteras, se produjo un curioso fenómeno lingüístico. El pueblo llamaba «camino» (en castellano) a la carretera y «camin», con cierto sentido peyorativo, a los antiguos caminos de herradura. También en la literatura asturiana culta, en prosa y verso, son muy numerosas las referencias a los caminos. Rafael María Labra describe minuciosamente el viaje de una diligencia por Pajares. En «Clarín» y Palacio Valdés, se hacen relatos de viajes en diligencia y a caballo. Refiriéndose a una diligencia, dice un romancillo aludiendo a un viaje de Oviedo a Luarca en 1870:
Nave del Camino,
mástil es tu lanza
que lleva por velas
ocho mulas blancas...
Y baja que sube
y sube que baja.
Veinte leguas justas
hacen la jornada...
Los nerviosos cascos
en la piedra ensayan
crótalos de acero
con ritmos de marcha.
¡Treinta y dos martillos
y el Camino es fragua!
(J. E. C.)